El Gran Capitán y el Asedio de Ostia

El Gran Capitán, Gonzalo Fernández de Córdoba, fue un militar cordobés que estuvo al servicio de los Reyes Católicos durante el intervalo que va desde el año 1479 al año 1504, y pasó a la historia por cambiar el rumbo de la Historia de España, sobre todo a lo que a tácticas se refiere.

El modelo de caballería pesada medieval pasó a ser una moderna infantería ligera que se tradujo en muchos de los posteriores excelentes resultados de los españoles. Creó un nuevo tipo de unidad, la llamada coronelía, y que podría considerarse el precursor de los conocidos tercios españoles, pues puso de manera simbólica la primera pieza de la maquinaria que los haría invencibles y temidos en toda Europa.

Otras innovaciones fueron las de equipar a los ejércitos con espadas cortas, rodelas y jabalinas. Además de las nuevas incorporaciones en lo que se refiere a equipaciones y modos de actuación, los soldados comenzaron duros entrenamientos de marchas y ejercicios con el fin de presumir de una excelente forma física.

Gonzalo Fernández de Córdoba, el Gran Capitán, aparte de un líder nato que comandaba a sus hombres desde la humildad y la cercanía, fue un hombre que se adelantó a uno de los posibles mayores genios militares de todos los tiempos; Napoleón Bonaparte, debido a que ya usó, cuatro siglos antes, movimientos imperiosos de infantería y tácticas envolventes para flanquear a los ejércitos rivales.

El Gran Capitán, Proezas

Fue durante la Guerra de Granada donde demostró su ingenio militar, y que desembocó con la expulsión musulmana de la Península Ibérica. El cronista Hernán Pérez dijo del el Gran Capitán que era el último en retirarse y el primero en atacar en cada batalla.

Se le empezó a conocer a raíz de su participación en la batalla de Albuera de 1479, entre las tropas de Fernando el Católico y las de Alfonso V, monarca portugués y que desembocó en los Tratados de Alçácovas en los cuales se firmaba la paz entre el reino de Portugal y los reinos de Castilla y Aragón, o la concesión de territorios a unos y a otros. A Alfonso V le correspondieron Las Azores, Cabo Verde, Flores, Madeira o la Mina de Oro. A Castilla se le reconoció la soberanía sobre las Islas Canarias.

Gonzalo Fernández de Córdoba, el Gran Capitán, también tuvo un papel decisivo en la toma de la fortaleza de Setenil, Loja o el Castillo de Montefrío. Su actuación negociadora y su labor de espía, sirvieron para la rendición de Boabdil y su reino nazarí de Granada. Los Reyes Católicos, reconocedores del empeño del genio militar, le obsequiaron con diversos títulos y honores.

El Gran Capitán, la batalla de Seminara
El Gran Capitán, la batalla de Seminara

En 1495 se embarcó a otra aventura, esta vez en Nápoles. Su objetivo era detener la invasión francesa sobre la Península Itálica. Obtuvo una gran victoria en Calabria, en la llamada batalla de Seminara, donde los 2000 infantes y 300 jinetes ligeros vencieron a los ejércitos franceses de Stuart usando tácticas similares que ya había llevado a cabo durante la Guerra de Granada. Finalmente se hizo con la provincia de Basilicata y derrotó a las tropas del monarca francés en Atella.

El Gran Capitán, la batalla de Seminara
El Gran Capitán, la batalla de Seminara

El Gran Capitán, el Asedio de Ostia

Tras la victoria en Atella en 1496, y cuya campaña fue liderada por El Gran Capitán a favor de la Liga de Venecia, la mayoría de ciudades italianas fueron devueltas por Francia al rey de Nápoles, Fernando II. Ostia no estaba entre ellas, y el Papa Alejandro VI pidió de nuevo a su amigo Fernández de Córdoba que tomase la ciudad para que finalmente los franceses se decidiesen a entregarla.

Pero la ciudad estaba más defendida de lo que cabía esperar. Mercenarios, forajidos y malhechores al servicio de Menaldo Guerri, un corsario vizcaíno al servicio del rey de Francia y que controlaba el puerto más importante de la Península Itálica, defendían las murallas que rodeaban Ostia.

El Gran Capitán, Ostia
El Gran Capitán, Ostia

Fueron esas mismas murallas las que El Gran Capitán estudió para ver cómo organizaba el sitio. Unos mil soldados de infantería, tres centenares de jinetes y algunas piezas de artillería, las cuales empezaron a abrir fuego contra las murallas.

Fueron varios días los que tuvieron que esperar las tropas del militar cordobés hasta que la muralla cedió en forma de brecha en un punto concreto tras el fuego concentrado por los artilleros. El ejército del Gran Capitán accedió a través de la apertura recién formada en la piedra, pero la batalla no se decidió hasta la incorporación de Garcilaso de la Vega, padre del famoso escritor del Siglo de Oro que destacó especialmente por sus sonetos y su poesía.

Menaldo Guerri rindió Ostia, y le dedicó con una marcada chulería de la época las siguientes palabras:

“Decidle – refiriéndose al Papa Alejandro VI – que se acuerde de que todos somos españoles y que no la ha con franceses, sino con español, y no con castellano, sino vizcaíno”. Tras cinco días de asedio, en los que se capturó al vizcaíno al servicio de la corona francesa, el Gran Capitán le recriminó su actuación de la siguiente manera: “Muy espantado estoy de vos, señor Menaldo Guerri, que tantas cosas han pasado por vos querer defender a una cosa tan errada y sin razón… y más siendo español, que nunca los de nuestra nación han sido traidores ni malos cristianos, y sobre todo ser tan confiado que ni temíais a hombre ni a Dios”.

El Gran Capitán y Menaldo Guerri ante el Papa
El Gran Capitán y Menaldo Guerri ante el Papa

Aquí no acabó su historia. Gonzalo Fernández de Córdoba siguió batallando en la Guerra de Nápoles que duró desde 1501 a 1504, obteniendo excelentes resultados.

Cuenta la leyenda que el rey Fernando le pidió que le dijese en qué había gastado su dinero. A lo que el Gran Capitán respondió:

“Por picos, palas y azadones, cien millones de ducados; por limosnas para que frailes y monjas rezasen por los españoles, ciento cincuenta mil ducados; por guantes perfumados para que los soldados no oliesen el hedor de la batalla, doscientos millones de ducados; por reponer las campanas averiadas a causa del continuo repicar a victoria, ciento setenta mil ducados; y, finalmente, por la paciencia de tener que descender a estas pequeñeces del rey a quien he regalado un reino, cien millones de ducados”

Autor: Alex Peña para revistadehistoria.es

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1 Comment

  1. suetonio
    10/05/2023 @ 17:52

    Me ha gustado especialmente cuando le pide Fernando en que había gastado su dinero, si no fuera leyenda, se diría como en Mio Cid “Qué buen vasallo sería, si tuviera buen señor ” y por lo menos no quedó en bancarrota, como le sucedió mas tarde a Juanelo Turriano con Felipe II, aunque sin saberlo se vengó en la persona de su padre Carlos V, al construir el estanque de Yuste, donde los mosquitos, fueron la causa de su muerte.
    En fin como tantos reyes intocables y desagradecidos.

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