Calígula, de emperador querido a Dios cruel

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 Cayo Julio César Augusto Germánico, más conocido como “Calígula“, nació en el año 12 d.C. durante el gobierno de la dinastía Julio-Claudia. Las traiciones y las posibles usurpaciones al trono del viejo y depravado Emperador Tiberio, dejaron el camino libre al joven Calígula, que aprendió de su antecesor a verse como un Dios y no como un hombre. De Tiberio vio actos denigrantes de pederastia o de sacrificios de hombres y mujeres de edad no adulta en su residencia de la isla de Capri, lo que empezó a marcar y a acentuar su personalidad macabra.

Calígula, de Emperador querido a Dios cruel

Los primeros meses del gobierno de Calígula fueron de prosperidad y beneplácito, actuando de manera fehaciente sobre todo en materia de política, ganándose así el respeto de todos los estamentos sociales de Roma. Entretenimiento para el pueblo, concesión de derechos al populacho para poder votar cosas que hasta entonces no se había postulado, 300 denarios y alimento en concepto de donación para los ciudadanos, banquetes para senadores o aumento de regalos  y salarios para su Guardia Pretoriana, fueron algunas de las cosas que hicieron que Calígula se ganase el respeto y la admiración.
Pero en los meses venideros, una crisis provocada por un ataque epiléptico y sus largas noches de insomnio y de exceso con el vino, del que se cree que lo bebía con rayadura de plomo además de las propias partículas que consumía por la preparación de la bebida, desataron a un monstruo dormido.

Calígula, incesto y ejecuciones

Lo primero que hizo fue ordenar la ejecución de todos aquellos que habían ofrecido su vida para salvar la del Emperador tras su enfermedad de la que consiguió despertar, además de obligar a familiares suyos exiliados a suicidarse u ordenar la muerte de varios hombres y mujeres sin pruebas y sin juicios.
Calígula

Calígula, busto

En el año 38 d.C. casado con Lollia Paolina, Calígula también comenzó a tener relaciones sexuales incestuosas con su hermana Drusilla, que a su vez estaba casada con su amigo Marco Emilio Lépido y al que ordenó ejecutar tras la muerte de su hermana cuando éste intentó seguir manteniendo sus privilegios con las otras dos hermanas de Calígula.
Calígula

Calígula depositando las cenizas de su madre y hermano en la tumba de sus ancestros

El año 39 fue un año de crisis económica para el Imperio Romano, y el Emperador debía asumir la potestad para solventar el problema. Sus decisiones fueron drásticas y crueles. Acusó a ricos senadores de traición para conseguir su patrimonio, elevó los impuestos en juicios y matrimonios, manipuló las apuestas en los juegos y ordenó asesinar a grandes fortunas una vez habían sido obligados a ponerle de heredero. En ese mismo año se deterioraron las relaciones entre el Emperador y el Senado, por lo que Calígula decidió quitárselos del medio por posibles conjuras en su contra.
Calígula

Calígula, sestercio con sus tres hermanas en el reverso, Agripina, Drusila y Julia Livila

Para ello se valió de cualquier motivo. Cualquier acusación en su contra era más que suficiente, pues él era Emperador de Roma y Dios del mundo. A muchos de los senadores los torturó salvajemente marcándoles al fuego, otros eran devorados vivos por las fieras o mandados a trabajar a las minas. Luego los ejecutaba su piedad. No contento con aquel salvajismo, Calígula obligó a sus esposas y hermanas a prostituirse a elevados costes, lo que denigraba por completo la figura de los Senadores.

Calígula, el apogeo de la locura y el Dios-Sol

Entre tanto, Calígula seguía bebiendo y envenenando su mente. Su vida de excesos le estaba llevando hasta límites insospechados. Su carácter antisocial y psicópata se acrecentaba con cada trago con plomo. Sus depravaciones sexuales se multiplicaban, su insomnio aumentaba y su manipulación llegaba al punto de lo paranoico. La cúspide de su locura llegó en el año 40 d.C. cuando hizo a su caballo Incitatus cónsul de Britania, y al que otorgó 18 sirvientes en una villa con 16 jardines y una caballeriza de mármol y ornamentada con sumo detalle. Incitatus fue vestido con joyas y telas violáceas, y casado con una joven mujer de increíble belleza de nombre Penélope con la que copulaba. Además bebía el mejor vino del Imperio en copas de oro.
Calígula

Calígula, encarnado por Malcolm Mcdowell en la película de 1979

Calígula se autodivinizó, erigiendo templos en su nombre, decapitando viejos dioses y sustituyéndolos por su rostro, fomentó un culto propio y personalizado, ordenó sacrificios de animales en su honor como nunca antes se había visto y conversó hipotéticamente con el mismísimo Júpiter tratándole como un inferior.

La muerte de Calígula

Los indicios sobre su muerte se acentuaban a medida que transcurría el tiempo. Profetas y adivinos vaticinaban su muerte. El astrólogo Sila le dijo que la muerte estaba a punto de llegarle. El oráculo de Anzio también se postuló en esas avenencias, diciéndole que un hombre de nombre Casio podría estar detrás de su muerte. El error de Calígula fue ordenar asesinar al hombre equivocado, pues Casio Longino no sería su futuro asesino, si no Querea, que se llamaba del mismo modo. Las enemistades del Emperador se acentuaban cada vez más, y un complot dirigido por Casio Querea, pretoriano de Calígula, del que se cree que, debido al número de detractores, no actuó solo, sino con un gran número de senadores, pretorianos y ricos personajes de la vida de Roma, dio muerte al Emperador.
Calígula

Calígula, el asesinato

Suetonio señaló de Calígula hacia Casio Querea que le llamaba cobarde, y que debía de humillarse ante su figura, algo que no toleraba el soldado pretoriano. Solo acrecentaba su odio hacia el Emperador. Un odio que le costaría la vida a Calígula.
Así, en el 41 d.C., mientras volvía en la mañana de los juegos Palatinos, Calígula fue acertado por Casio Querea en el cuello, hiriéndole de gravedad. Muchos más de los hombres que participaron en la conspiración de su muerte hundieron sus pugios repetidas veces en el cuerpo del Emperador, acabando con su vida para siempre. Muchos de los conjuradores fueron asesinados por la guardia de Calígula, pero los que escaparon consiguieron asesinar a su mujer y a su pequeña hija de una forma cruenta y despiadada. La fortuna, en cambio, sonrió para el aparente endeble Claudio, que consiguió escapar de los conspiradores y que posteriormente se convertiría en el nuevo Emperador de Roma.

Autor: Tito Batán para revistadehistoria.es

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